Arte
Una línea menos

Te he visto muchas veces con ese mismo gesto: dar un par de pasos atrás, entrecerrar los ojos y sostener un bote de pintura en espray, o un rotulador, o un aerógrafo. Te he visto inclinar la cabeza, pensando qué faltaba antes del punto final, antes de poder dejarlo ir. Y sabiendo lo que estabas a punto de hacer —lo he visto muchas veces—, temía lo inevitable: una última línea gruesa, chorreante, trazada generosamente sobre el lienzo. A veces se elevaba un suspiro: «Guau, increíble». Pero otras veces los chorros lo inundaban todo y llegaba por fin el veredicto: lo he estropeado; con una línea menos habría sido perfecto.
Hoy, sin duda, hay una incógnita. Las gotas negras no caen ni se desbordan; no se ha temido el espacio vacío ni se ha dudado de que la cinta que lo mantiene en su sitio cumpliría su función. Hay una renuncia amable, y qué placer cuando trae calma, cuando desear un poco más puede convertirse en un lugar tranquilo. Das unos pasos atrás, aprietas el rotulador, ladeas la cabeza, entrecierras los ojos. Hoy no hay un paso adelante ni una línea de más. Hoy es perfecto exactamente como está.
Aurora Montesinos






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